lunes, 24 de octubre de 2011

Parte de una historia escrita por mi..


Contarle a un folio mis penas, sabiendo que en realidad no vale la pena. Llorar en silencio por miedo a que alguien me pueda oír, todo puede empeorar. Ahogar mis neuronas en paranoias y pensamientos que no se donde salen. Creer que realmente no soy nada y que merezco mucho menos de lo que se me da. Caminar por un camino sin fin alguno, sin salida, sin luz, sin rumbo. Dar lo que yo creo que debo, y no recibir nada. Volar sin alas…

Princesa desastre de un cuento sin nombre, así me creo. Me llamo Anne, tengo dieciocho años y soy la criada de una casa de estirados. Hoy comienza otro día gris, no se si levantarme o quedarme aquí sentada escribiendo como es habitual en mi, todos los días en mi tiempo libre. Soy una chica de Barcelona, en teoría como las demás, solo que pobre y algunos problemas mas de las cuenta. Para mi es obligatorio levantarme y ponerme a trabajar y luchar por lo que me queda ahora, mi madre enferma, mi padre metido en problemas con mucha gente. No me queda otro remedio que bajar las escaleras de esta dichosa casa, en la que para nada podré sentirme bien, luchar por poder comprarle a mi madre esas medicinas que necesita para estar bien.

-¡Anne! Baja ahora mismo ya se han levantado los niños.

-Si, mi señora.

Ahora tengo que abandonar lo que mas me gusta, escribir, para poder servir a mis señores.

Cada día me levanto y me pongo el uniforme, entonces es cuando debo bajar a buscar a los pequeños de la casa, Sara, Heliana y Sergio. Una vez despiertos he de vestir a cada uno de ellos y asearlos, enseñarles como deben hacerlo cada día antes de ir al colegio. Cuando termino mi labor con lo niños, soy yo la que también se encarga del desayuno de mi señor antes de ir a su trabajo y de que vaya bien de hora. La señora de la casa tan solo merodea por todos los sitios haber que es lo que hago y si lo hago bien o mal, cuando no merodea se sienta en su gran sofá a ver en la tele cualquier cotilleo. Llevo en esta casa dos años y aún no e creído cometer algún error pero siempre tienen por lo que quejarse y es duro. Terminadas mis labores tengo unas horas para salir y es entonces cuando puedo visitar a mi madre por si necesita algo.

-Buenos días mama.

-Buenos días Anne, ¿como va hoy el trabajo?

-Bien, veo que estas mejor y que no necesitas nada ¿es así?

-Si, puedes ir tranquila si así lo quieres.

Estos últimos días mi madre parece encontrarse mejor y la verdad es que me alegra, poderme ir sin miedo. Respecto a mi padre no se nada anda perdido y como no, no a aparecido por casa. He querido siempre ayudar a mi familia sobre todo la más cercana a mí,

pero en muchos momentos me han tenido por menos persona y por no merecer nada. No he podido estudiar debido a problemas, como los de mi padre, siempre he tenido que sacarle de apuros con mi dinero, tengo que distribuir cada céntimo de mi pequeño sueldo para poder seguir adelante con los dos. Sin embargo, para mucha gente no soy más que una sirvienta. Cada día tengo un rato para escribir y entonces es cuando escribo una especie de diario sobre mi vida. No puedo creer que mis horas libres se pasen tan rápido puesto que lo poco que tengo, lo tengo muy escaso.

Los más pequeños, llegan del colegio y yo los tengo que recoger, hecho eso lo que debo hacer es llevarles a casa y lavarles las manos, ponerlos en la mesa para que coman junto a sus padres, mientras yo, como en la cocina la verdad que un poco aislada del resto.

Cuando era pequeña, no tenía que pensar en lo que vendría después, todo pintaba de un color claro y sin bultos de por medio en los que tener que pensar cada día como solucionar. Mi madre cuando despertaba cada mañana para ir a hacer un poco de compra, los justo para poder vivir, siempre me decía- Cuando seas grande querrás muchas cosas y no lo vas a poder conseguir llorando, así que levanta y no te lamentes por el tiempo-.

Poder llegar a lo mas alto de una cima con solo subirte a un tobogán lleno de imaginación y ahora para llegar a esa cima tienes que escalar y con demasiado cuidado.

Sara, Heliana y Sergio, se levantaron de la mesa con permiso de sus padres y me asombró mucho que los tres vendrían hacia mi con los platos sucios en la mano, pues ese trabajo es el que a mi me corresponde.

-Anne me gustaría mucho que nos contases que es lo que escribes ahí todos los días.

-Escribo cosas sobre… la historia de mi vida así puedo desahogarme y todos mis secretos están bien guardados.

-Yo también quiero hacer eso.

-Pero aún no sabes escribir, eres pequeña, Sara.


CONTINUARA...

1 comentario:

  1. Hola, Tania:
    Te he dejado este mensaje de respuesta en mi blog, pero -por si no pasas por allí de nuevo- te lo dejo también en el tuyo (¡Jo! qué mayor y qué guapa estás:
    ¡Claro que me acuerdo de ti! Fuiste una buena alumna de teatro y una chica muy bien educada, respetuosa, tranquila, solidaria… (tan necesario en los tiempos que corren). Si me acordaré que, a veces, me equivoco y confundo el nombre de Andrea, jejé, lo que le molesta un poco, pregúntale, pregúntale.
    Sé por ella lo que estudias ahora y me alegro mucho de que te vaya bien. Cuando quieras hacernos una visitilla, aquí seguimos, incombustibles al desaliento aunque con algún añito más.
    Un abrazo. Elena
    Posdata: ¿Has escrito tú esto? Me parece genial que extraigas las historias que laten en tu interior. Sigue adelante.

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